En la época colonial, en EEUU, las jóvenes parejas que planeaban casarse, practicaban una costumbre llamada bundling o atadillo.
En el siglo XVIII, bundling era un equivalente aproximado al actual revolcón en el asiento trasero de un coche, excepto que el tonteo tenía lugar en la casa de la chica y en más de una ocasión era fomentado por los padres.
Si la pareja estaba seriamente comprometida, pasaban toda una noche juntos en la habitación de la chica para ver si eran compatibles. Pero había unas reglas inquebrantables: no podían quitarse la ropa interior y no podía haber relaciones sospechosas. Para que esto se cumpliese utilizaban una especie de saco de dormir pero con dos compartimentos que impediría el contacto entre los dos amantes.
A veces, la chica llevaba una especie de combinación anudada en la base y atada con una cuerda a la cintura. Si los padres aún estaban preocupados, podían coser el saco, una vez dentro la chica.
En los primeros pueblos, las camas escaseaban con bastante frecuencia y era bastante común que los dueños de esas casas alquilasen la “mitad de una cama” por una noche a algún viajero cansado. Se dice que, en ocasiones, extraños compartían la cama con jóvenes mediante este método del bundling, pero por lo general era el cabeza de familia el que compartía la cama alquilada.