Las mujeres, por tradición o por vergüenza, sienten un freno a confesar que no se consume porno porque no está hecho supuestamente para mujeres. Sin embargo, hay estudios demuestran que uno de cada tres consumidores de porno son mujeres. Las preguntas que surgen a continuación son obvias: ¿El porno es una perversión o puede enseñarnos cosas sobre nuestra sexualidad? ¿Es sucio o despierta nuestro libido? ¿Deben las mujeres protestar contra el porno y prohibirlo o deben participar en este fenómeno todavía masculino, para cambiarlo y moldearlo a su antojo?
Erika Lust fue una de las primeras personas que reclamaba un porno hecho para mujeres. Así que ella misma se puso manos a la obra. Hizo películas porno con un contenido mucho más sensual: las escenas de sexo estaban aliñadas con amor y sentimiento, el punto de vista que le gusta a la mujer. También escribió el libro Porno para mujeres, en un grito a la esperanza por cambiar el rumbo del mundo pornográfico.
En su manifiesto, ella misma reclama a mujeres adultas que decidan cómo quieren ser representadas en las películas: mujeres que sean mujeres, con sentimientos, educación, profesiones, madres, casadas, divorciadas, solteras, amantes, jóvenes, adultas, delgadas, con curvas… Pero todas con el mismo fin: disfrutar de su sexualidad y disfrutando de sus situaciones sexuales que se presentan en las películas.
Un experimento hecho por la Universidad McGill en EEUU ha revelado que la temperatura genital se elevaba de la misma manera tanto en los hombres como en las mujeres que consumían películas porno. Según sus investigaciones, ellos llegaban al máximo de la excitación a los 11 minutos, mientras que a ellas les costaba un minuto más.
Derrumbado el mito sobre que las mujeres prefieren las fantasías románticas que las imágenes puras y duras del acto sexual en bruto, Lust pide a la sociedad femenina que no dé de lado al porno: “El porno no es sólo porno, es un discurso, una manera de hablar sobre sexo”. Es, según sus propias palabras, una manera de ver y entender lo masculino y lo femenino.
Así que como mujeres todas tienen el derecho de disfrutar del cine adulto, “y pienso reivindicar la participación en el contenido de este discurso”. Propone ser creadoras: guionistas, productoras, directoras…
Nos guste o no, el porno ya ha salido del armario. Si no se lo cree, échele un vistazo a Internet: está a rebosar de porno. “Las mujeres deberíamos ser críticas con este fenómeno. Los valores que transmite el porno deben ser analizados y cuestionados por nosotras permanentemente”.
Artículo de Elconfidencial.com
Decía una estadística en España que los mayores ingresos en pago por visión de películas porno son los días de diario por la mañana. Con los maridos en la oficina.